Suites

Suites compuestas entre 1919 y 1921

Suite de los espejos

Símbolo
Cristo
tenía un espejo
en cada mano.
Multiplicaba
su propio espectro.
Proyectaba su corazón
en las miradas
negras.
¡Creo!
El gran espejo
Vivimos
bajo el gran espejo.
¡El hombre es azul!
¡Hosanna!
Reflejo
Doña Luna.
(¿Se ha roto el azogue?)
No.
¿Qué muchacho ha encendido
su linterna?
Sólo una mariposa
basta para apagarte.
Calla… ¡pero es posible!
¡Aquella luciérnaga
es la luna!
Rayos
Todo es abanico.
Hermano, abre los brazos.

El jardín de las morenas

(Fragmentos)
Pórtico
El agua
toca su tambor
de plata.
Los árboles
tejen el viento
y las rosas lo tiñen
de perfume.
Una araña
inmensa
hace a la luna
estrella.
Acacia
¿Quién segó el tallo
de la luna?
(Nos dejó raíces
de agua.)
¡Qué fácil nos sería cortar las flores
de la eterna acacia!
Encuentro
María del Reposo,
te vuelvo a encontrar
junto a la fuentefría
del limonar.
¡Viva la rosa en su rosal!

Noche

(Suite para piano y voz emocionada)
Rasgos
Aquel camino
sin gente.
Aquel camino.
Aquel grillo
sin hogar.
Aquel grillo.
Y esta esquila
que se duerme.
Esta esquila…
Preludio
El buey
cierra sus ojos
lentamente…
(Calor de establo.)
Éste es el preludio
de la noche.
Rincón del cielo
La estrella
vieja
cierra sus ojos turbios.
La estrella
nueva
quiere azular
la sombra.
(En los pinos del monte
hay luciérnagas.)
Total
La mano de la brisa

Tres estampas del cielo

Dedicadas a la señorita
Argimira López,
que no me quiso
I
Las estrellas
no tienen novio.
¡Tan bonitas
como son las estrellas!
Aguardan un galán
que las remonte
a su ideal Venecia.
Todas las noches salen a las rejas
—¡oh cielo de mil pisos!—
y hacen líricas señas
a los mares de sombra
que las rodean.
Pero aguardar, muchachas,
que cuando yo me muera
os raptaré una a una
en mi jaca de niebla.

Historietas del viento

I
El viento venía rojo
por el collado encendido
y se ha puesto verde, verde
por el río.
Luego se pondrá violeta,
amarillo y…
será sobre los sembrados
un arco iris tendido.
II
Viento estancado.
Arriba el sol.
Abajo
las algas temblorosas
de los álamos.
Y mi corazón
temblando.
Viento estancado
a las cinco de la tarde
sin pájaros.
III
La brisa
es ondulada
como los cabellos
de algunas muchachas.

El regreso

Yo vuelvo
por mis alas.
¡Dejadme volver!
¡Quiero morirme siendo
amanecer!
¡Quiero morirme siendo
ayer!
Yo vuelvo
por mis alas.
¡Dejadme retornar!
Quiero morirme siendo
manantial.
Quiero morirme fuera
de la mar.
Corriente
El que camina
se enturbia.
El agua corriente
no ve las estrellas.
El que camina
se olvida.
Y el que se para
sueña.
Hacia…
Vuelve,
¡corazón!,
vuelve.
Por las selvas del amor
no verás gentes.
Tendrás claros manantiales.

La selva de los relojes

Entré en la selva
de los relojes.
Frondas de tic-tac,
racimos de campanas
y bajo la hora múltiple,
constelaciones de péndulos.
Los lirios negros
de las horas muertas,
los lirios negros
de las horas niñas.
¡Todo igual!
¿Y el oro del amor?
Hay una hora tan sólo.
¡Una hora tan sólo!
¡La hora fría!
Maleza
Me interné
por la hora mortal.
Hora de agonizante
y de últimos besos.
Grave hora en que sueñan

Suite del agua

País
En el agua negra,
árboles yacentes,
margaritas
y amapolas.
Por el camino muerto
van tres bueyes.
Por el aire,
el ruiseñor,
corazón del árbol.
Temblor
En mi memoria turbia
con un recuerdo de plata,
piedra de rocío.
En el campo sin monte,
una laguna clara,
manantial apagado.
Acacia
¿Quién segó el tallo
de la luna?
(Nos dejó raíces
de agua.)
¡Qué fácil nos sería cortar las flores
de la eterna acacia!

Cruz

Norte
Las estrellas frías
sobre los caminos.
Hay quien va y quien viene
por selvas de humo.
Las cabañas suspiran
bajo la aurora perpetua.
¡En el golpe
del hacha
valles y bosques tienen
un temblor de cisterna!
¡En el golpe
del hacha!
Sur
Sur,
espejismo,
reflejo.
Da lo mismo decir
estrella que naranja,
cauce que cielo.
¡Oh la flecha,
la flecha!
El Sur
es eso:
una flecha de oro,
¡sin blanco!

Herbarios

Libro I
El viajante de jardines
lleva un herbario.
Con su tomo de olor, gira.
Por las noches vienen a sus ramas
las almas de los viejos pájaros.
Cantan en ese bosque comprimido
que requiere las fuentes del llanto.
Como las naricillas de los niños
aplastadas en el cristal opaco,
así las flores de este libro
sobre el cristal invisible de los años.
El viajante de jardines,
abre el libro llorando