La sirena y el carabinero

Fragmentos
A Guillermo de Torre
El paisaje escaleno de espumas y de olivos,
recorta sus perfiles en el celeste duro.
Honda luz sin un pliegue de niebla se atiranta
como una espalda rosa de bañista desnuda.

Alas de pluma y lino, barcas y gallos abren.
Delfines en hilera, juegan a puentes rotos.
La luna de la tarde se despega redonda,
y la casta colina da rumores y bálsamos.

En la orilla del agua cantan los marineros,
canciones de bambú y estribillos de nieve.
Mapas equivocados relucen en sus ojos,
un Ecuador sin lumbre, y una China sin aire.

Cornetines de cobre, clavan sus agujetas,
en la manzana rosa del cielo más lejano.
Cornetines de cobre que los carabineros
tocan en la batalla contra el mar y sus gentes.
**
La noche disfrazada con una piel de mulo
llega dando empujones a las barcas latinas.
El talle de la gracia queda lleno de sombra
y el mar pierde vergüenzas y virtudes doradas.

Oh musas bailarinas, de tiernos pies rosados,
en bellas trinidades sobre el jugoso césped.
Acoged mis ofrendas dando al aire de altura,
nueve cantos distintos y una sola palabra.

Anterior | Siguiente

Comparte este poema: