Soledad insegura

Fragmentos
Rueda helada la luna, cuando Venus
con el cutis de sal, abría en la arena
blancas pupilas de inocentes conchas.
La noche calza sus preciosas huellas
con chapines de fósforo y espuma.
Mientras yerto gigante sin latido
roza su tibia espalda sin venera.
El cielo exalta cicatriz borrosa
al ver su carne convertida en carne
que participa de la estrella dura
y el molusco sin límite de miedo.
**
Lirios de espuma cien y cien estrellas,
bajaron a la ausencia de las ondas.
Seda en tambor, el mar queda tirante,
mientras Favonio sueña y Tetis canta.
Palabras de cristal y brisa oscura
redondas sí, los peces mudos hablan.
Academia en el claustro de los iris
bajo el éxtasis denso y penetrable.
Llega bárbaro puente de delfines
donde el agua se vuelve mariposas,
collar de llanto a las arenas finas,
volante a la sin brazos cordillera.
**
Noche
Noche de flor cerrada y vena oculta.
—Almendra sin cuajar de verde tacto—.
Noche cortada demasiado pronto,
agitaba las hojas y las almas.
Pez mudo por el agua de ancho ruido,
lascivo se bañaba en el temblante,
luminoso marfil, recién cortado
al cuerno adolescente de la luna;
y si el centauro canta en las orillas
deliciosa canción de trote y flecha
ondas recojan glaucas sus acentos
con un dolor sin límite, de nardos.
Lyra bailaba en la fingida curva,
blanco baile de inmóvil geometría.
Ojos de lobo duermen en la sombra
dimitiendo la sangre de la oveja.
En lado opuesto, Filomela canta
humedades de yedras y jacintos,
con una queja en vilo de Sur loco,
sobre la flauta fija de la fuente.
Mientras en medio del horror oscuro
mintiendo canto y esperando miedo
voz inquieta de náufrago sonaba:
«Desdichada nación de dos colores
(fila de soles, fila de granadas),
sentada con el mar en las rodillas
y la cabeza puesta sobre Europa.
Mapa sin eco en el vivir reciente.
Pueblo que busca el mar y no lo encuentra.
Oye mi doble voz de remo y canto
y mi dolor sin término preciso.
Trigo malo de ayer cubrió su tierra.
La cicuta y la ortiga te envejecen.
Vulgo borracho canta en los aleros
la espada y el bigote, como norma.
Desdichada nación de catafalcos».

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